¿Existo? Es una pregunta que me ha dado vueltas por la cabeza en los últimos meses. A través de la ventana solo llueve, veo como las gotas empañan el vidrio y escucho como caen con rapidez en la acera y en las hojas de los arboles, mientras yo trato de escribir esto y dar una explicación a esa pregunta tan repetida en mi. Buscar el momento en que empezó toda esta pesadilla quizás es la peor parte, porque recuerdas cada una de las cosas que te han pasado hasta llegar a acá, también es una forma de perder el tiempo regresando a cosas que no puedes simplemente cambiar o eliminar como si fuesen una foto borrosa en el teléfono, pero tal vez lo peor en esto es dejar que esas cosas te afecten otra vez por separado. Más que el conjunto de dolor que ya tienes dentro de ti. Es una lastima pasar todo el día con la mirada perdida, sin amor y mucho menos sin esperanzas. Esperando que las horas pasen rápido, y ser como el sol, escondiéndose aunque sea por un rato en esos sueños perdidos que terminan siendo pesadillas, una tras otra. Dejarte llevar y al despertar ver la hora, hacer todo lo posible para dormir más, y así es con la infinidad de veces que te despiertas en la mañana con el deseo de despertarse lo suficientemente tarde para que el día pase tan rápido como pueda y como ese, todos los demás días. La cuestión ahora es ¿Hasta cuándo será eso? y esa es solo otra pregunta que no se responder. En algún momento esta pesadilla terminará, o eso espero, sin embargo, hoy aquí. Dejando que mis dedos toquen con fuerza cada una de estas letras, con las lagrimas cayendo en tan blancas mejillas, solo me doy por vencida. No es algo que quería, pero que me obligan a hacer.
Luchar ya no parece suficiente, ni buscar algo mejor. Todo esto suele pasar después de un tiempo tan bueno como aquel que tuve, donde me sentía tan invencible y capaz. Tan fuerte y tan grande. Tan feliz. La vida es así, o por lo menos repetitivas veces me ha pasado a mi. Termina pareciendo una montaña rusa, se sube lentamente hasta lo más alto pero se cae tan rápido y se queda tanto tiempo abajo que terminas acostumbrándote a esa sensación y sintiéndola a cada instante. Ese dolor, ese sentimiento de vació y de soledad, y de que te encuentras perdida aún estando con muchas personas al rededor. Nadie es capaz de quitarte eso, ni ese nudo tan fuerte en la garganta ni esas ganas tan inmensas de llorar. A veces solo hace falta un abrazo fuerte sin explicación o palabras de amor que te llenen de fuerzas y te den esperanzas de seguir. Que te hagan sentir querida y no solo como una carga. Palabras tan fuertes y en su mayoría sinceras como las del amor, no hay. Una mirada y tal vez una caricia no le hace mal a nadie. Ni mucho menos demostrar todo eso, no un día si y otro no, sino todos. Porque quien realmente ama no tiene excusas y siempre busca tiempo. Unos segundos de palabras pueden ayudar mucho a un mal dia.
He llegado a pensar que los síntomas de la cuestiones emocionales son peores que de las enfermedades físicas, porque atacan los puntos más débiles como lo son: el corazón, el alma y sobretodo la mente. Quien puede hacerte pensar mil veces y buscar más respuestas y aún más preguntas. Quienes también, tienen la capacidad de enfermarte tan profundamente que como en las físicas, no se pueden resolver solo con pastillas.
Quien sabe, puede ser este el final de esta parte de la historia o la continuación que lleve a algo mejor. No somos ríos para dejar fluir todo, pero si personas capaces de dejarlo llevar pero tomando cartas en el asunto y no solo esperar a que el destino haga todo.
Volviendo a la primera pregunta, no hay respuesta. Estoy acá, y eso de cierta manera lo se. Mi cuerpo ocupa un espacio en el ambiente, en la tierra y en estos metros que me rodean. Mi alma, bueno, eso es un dilema. Ahora esta perdida, desilusionada, sin esperanzas y sin motivos de volver. Pero la cuestión ahora es.. ¿Tú lo sabes? ¿Tú sabes que aquí estoy?
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